La Guelaguetza, más que una fiesta de color y tradición en Oaxaca, México, celebra la profunda reciprocidad y solidaridad de la cosmovisión indígena. Nació del concepto zapoteco “guendalezaa”, que significa ofrenda y cooperación mutua, aunque su festival masivo se institucionalizó tras un terremoto. Hoy, esta fiesta eleva y visibiliza la riqueza de las identidades indígenas, transformándose en una plataforma vital para la cultura y la economía del estado.
Autor: Gabino Damián Jiménez Martínez
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La palabra Guelaguetza tiene raíces en la cosmovisión indígena, celebra la reciprocidad y la solidaridad, el nombre del zapoteco “guendalezaa” significa “ofrenda, presente o cooperación”, simboliza la ayuda mutua en momentos importantes de la vida, como bodas, nacimientos y defunciones, a modo de préstamos en especie para llevar a cabo una celebración. Las fiestas de los Lunes del Cerro, también conocidas como Guelaguetza, combinan tradiciones prehispánicas, coloniales y posrevolucionarias, se celebran el lunes siguiente a la fiesta de la Virgen del Carmen (16 de julio) y a la conmemoración de la muerte de Benito Juárez (18 de julio), culminando con la Octava, durante este tiempo la música, bailes, vestimentas, artesanías y productos de la tierra de los pueblos originarios llenan la ciudad de colores, melodías, sabores, olores e idiomas diversos.
Aunque se ha intentado vincularla con rituales prehispánicos, su origen se remonta a los años treinta, cuando se implementaron políticas para integrar a la entidad a la nueva vida institucional del país. Desde los años veinte el régimen posrevolucionario, interesado en transformar el país y afianzar su poder, impulsó la construcción de la “identidad nacional” y la integración del “México atrasado”, este proceso se llevó a cabo a través de un programa educativo que llevó símbolos e historia patria a pueblos y comunidades, alfabetizándolos y castellanizándolos, buscando eliminar sus culturas y lenguas. El antropólogo Jesús Lizama Quijano asegura que el etnocentrismo y el estigma guiaron las políticas indigenistas durante la mayor parte del siglo XX. Las culturas y tradiciones de los pueblos originarios, reivindicadas como esenciales para la cultura nacional, fueron vistas como depositarias de una misión ancestral: construir el México moderno, intelectuales e ideólogos del régimen forjaron un mito de unidad, integrando todos los regionalismos.
El 14 de enero de 1931 la ciudad de Oaxaca fue sacudida por un tremendo terremoto que cambió para siempre su fisionomía y deterioró una actividad económica ya de por sí precaria, el sismo dejó a miles de habitantes desorientados, con sus bienes destruidos, sin hogar, sin dinero, el valor de los bienes inmuebles urbanos cayó de golpe y se registró una gran cantidad de familias que migraron a la capital del país y a otros estados, el comercio y toda la economía se colapsaron también. Presionadas las autoridades estatales recordaron que el siguiente año, 1932, Oaxaca cumpliría cuatrocientos años de haber sido nombrada ciudad por el rey de España Carlos V, la organización de un gran festejo, que pudiera atraer visitantes e inversiones, se impuso como un remedio para la crisis, es así como pidieron su “guendalezaa” a las regiones que componen el Estado.
El gobierno organizó la Exposición Regional en la antigua hacienda de Aguilera como un “poderoso estímulo para la industria autóctona” y para formar el primer directorio completo de productores regionales y el catálogo de artículos oaxaqueños, en este evento participaron 473 expositores (112 de la ciudad capital y 361 de las regiones del estado), quienes se presentaron en pabellones con el estilo de construcción original de cada región.

Los asistentes admiraron pieles curtidas, sarapes, madera preciosa, yerbas medicinales, maíz,café, flor de Jamaica, tabaco, mezcal, sombreros de palma y talabartería, incluso se llegaron a exhibir las joyas de la Tumba 7 de Monte Albán.
La inauguración de la Exposición Regional dio inicio a los festejos por el IV Centenario de la ciudad, el Álbum conmemorativo relata que el 24 de abril, una multitud celebró la declaratoria de apertura del gobernador y luego recorrió los estands, la muestra duró las dos semanas del festejo.
La conmemoración del cuarto centenario de Oaxaca refleja el nuevo modelo de nación posrevolucionario, los indígenas vestidos para ocultar la pobreza y atraso, participaron en una fiesta que reafirmó el orden social y el poder de las élites, así los pueblos originarios por fin podían integrarse a la nación al tributar a sus superiores urbanos.
Los Lunes del Cerro continuaron como una fiesta regionalista que buscaba “revivir viejas costumbres”, con el tiempo la fiesta se transformó en espectáculo y atracción turística, ofreciendo una alternativa a la industrialización que nunca llegó a Oaxaca.
La Guelaguetza, tal como la conocemos, se consolidó a finales de los años cincuenta con la participación de “delegaciones” regionales, al estilo del Homenaje Racial, en 1974 se construyó un auditorio en la Rotonda de las Azucenas en el cerro del Fortín, con capacidad para once mil espectadores, en 1980 la Secretaría de Turismo del estado se hizo cargo de la organización, convirtiéndola en un espectáculo folclórico para turistas.

Hoy las delegaciones regionales deben pasar por un proceso de selección validado por un Comité de Autenticidad que evalúa su conocimiento de la tradición y una investigación monográfica, la decisión final recae en la Secretaría de Turismo, lo que implica negociaciones políticas con los municipios aspirantes.
Participar en el evento se ha convertido en una disputada distinción, otorgando prestigio y reconocimiento a los grupos participantes, pero igualmente creando conflictos y separaciones entre las comunidades participantes y no participantes.
La Guelaguetza, a pesar de sus orígenes racistas, ha logrado fusionar expresiones culturales e identitarias en una idea de convivencia entre las comunidades que reivindican su identidad, este acto genera un desdoblamiento: la celebración comunitaria y la que se extrae para ser representada.

Es una fiesta problemática, pero con un importante ingrediente comunitario y reivindicativo de las identidades indígenas de Oaxaca, que ha dado visibilidad a nuestras comunidades y una derrama económica importante de la cual dependemos hoy los que habitamos este Estado.
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2 Replies to “La Guelaguetza en Oaxaca, la “guendalezaa” de las comunidades a la urbe.”